Todo lo que parece inalterable puede modificarse radicalmente.
Todo lo que parece inalterable puede modificarse radicalmente. Para quien debe tomar decisiones en una organización, querer frenar los cambios es como pre- tender parar un tren con la mano; a él puede costarle el puesto, y a la empresa, su posición en el mercado.
Los cambios son inexorables aun donde la tradición parece tener mayor arraigo. Por lo tanto, sólo resta medir el efecto de las transformaciones y responder a ellas. Para hacerlo en forma certera, conviene identificar sus cualidades distintivas.
1° de mayo de 1980, el canal estatal Argentina Televisora Color realizó la primera transmisión en color destinada al público local. La expectativa provocada por el cambio tecnológico triplicó las ventas de televisores. Gracias a las ventajas cambiarias, Brasil se convirtió en el principal centro de compras para los argentinos que buscaban un nuevo receptor. Así, se llegaron a vender 100.000 equipos de origen brasileño por mes, según declaraba en aquel momento al diario El Cronista Comercial podría decirse que el error de cálculo temporal en el pronóstico no fue grande. Pero el caso de Internet fue, hasta hoy, el de más rápida difusión global de un servicio, incluso más veloz que el de la telefonía celular.
Todas estas transformaciones dejan un claro aprendizaje: el cambio no va en una sola dirección. También puede modificar su sentido e ir hacia atrás, reposicionar un pro- ducto que parecía destinado al olvido, o directamente cambiar de rumbo. A la luz de estas ideas, puede establecerse un axioma en el estudio de los mercados y las organizaciones: los cambios son multidireccionales. Y todos nosotros ¿Estructural, o coyuntural? Si es difícil prever los efectos que provocará un cambio, también resultará complejo discernir la profundidad de una transformación. Las alteraciones no siempre son estructurales; sus consecuencias no siempre son definitivas y, en muchos casos, esos cambios son en realidad simples turbulencias de corto plazo. Las turbulencias superficiales pueden dejar como con- secuencia una brisa suave; en cambio, las corrientes marinas suelen determinar el clima de regiones enteras. Las primeras provocan cambios momentáneos, mientras que los efectos del segundo grupo de fenómenos son alteraciones estructurales.
En una década cuando la tecnología se ubicaba en el centro de los negocios, el mérito de Rojas fue entender que sus productos, aun siendo de avanzada para el mercado en el que operaba, eran nada más y nada menos que una herramienta para aplicaciones comerciales y, como tal, debía adaptarse a los modelos de negocios propios de la realidad de su país. De todas formas, no existe una receta generalizada para interpretar esos fenómenos; antes bien, cada caso merece ser analizado particularmente para responder con innovación. El desafío es lograrlo, y en este libro se intentará brin- dar herramientas para recorrer ese camino.

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